Isabela, hoy la casa tiene otra luz,
hoy mis ojos quieren guardar tu juventud.
Cuando naciste, llenaste nuestra vida de luz y alegría,
desde tus primeros pasos te vi soñar,
con un libro entre tus manos y el deseo de volar.
Con tres años y un balón corrías sin mirar atrás,
y en la cancha descubriste que naciste para luchar.
Tus ojos azules, profundos como el mar,
me han dicho tantas cosas sin tener que hablar.
Eres hermosa por dentro, eres luz al caminar,
inteligente y valiente, imposible de olvidar.
Hoy cumples quince años, Isabela,
y mi corazón no sabe cómo explicar
que la niña que abrazaba entre mis brazos
hoy abre sus alas y me enseña a confiar.
Hoy cumples quince años, mi vida,
qué orgullo verte fuerte y tan real;
Dios puso en tus ojos un cielo infinito
y en tu alma un motivo para iluminar.
Yo quisiera detener por un instante el reloj,
no por miedo a tu futuro, sino por tanto amor.
Porque ayer te vi pequeña, y hoy te veo florecer,
y se me quiebra la voz de lo hermoso que es crecer.
Nunca olvides que tu valor no depende de brillar,
ni de ganar cada partido, ni de agradar a los demás.
Tu verdad vive en el bien que sabes entregar:
eres grande cuando eliges con amor y dignidad.
Y si alguna vez las dudas te quieren hacer caer,
recuerda a la niña valiente que aprendió a creer.
Dios irá delante tuyo, cuidando tu caminar,
y mi amor será ese abrazo que te vuelva a levantar.
Hoy cumples quince años, Isabela,
y celebro la mujer que comienza a despertar.
Que los libros te den mundos, que nuevas aventuras por descubrir te den fuerza,
y que tus ojos nunca dejen de soñar.
Hoy cumples quince años, mi hija,
y aunque llore, es de felicidad;
porque una hija no se aleja cuando crece,
se queda para siempre en el alma de mamá.
Isabela...
mi cielo de ojos azules,
mi orgullo, mi bendición.
Isabela, Dios te bendiga.